Prueba de Paternidad

Prueba de Paternidad

Aspectos a tener en cuenta cuando nos planteamos hacer la prueba de paternidad 26 de junio de 2018

Antes de entrar en la materia, es importante aclarar que quien escribe hoy este post no se dedica a la abogacía ni a la psicología. La entrada de este blog está escrita desde la experiencia de alguien que ha trabajado en DNA Solutions durante más de 15 años y que, en este tiempo, ha vivido situaciones muy diversas con los clientes que se han dirigido a nosotros para realizar una prueba de paternidad o simplemente para solicitar información sobre ella.

También es preciso señalar que la prueba de paternidad y la prueba de maternidad son, desde el punto de vista administrativo y científico, idénticas. Sin embargo, ya que la prueba de paternidad es, con mucho, la más común de las dos, queremos hoy centrarnos sobre todo en ella.

¿Por qué realizar el test de paternidad?

Existen dos razones principales por las que se solicita un test de paternidad. La primera es querer demostrar a alguien que un hijo o hija es nuestro, es decir, que nosotros estamos seguros de cuál será el resultado y simplemente necesitamos una prueba para mostrarla a esa otra persona. La segunda razón, y la más habitual, es que somos nosotros mismos quiénes tenemos la duda.

En el primer caso, no nos enfrentamos a ninguna incertidumbre propia, sabemos bien que el resultado será positivo o negativo (siempre depende de la situación) y realizamos la prueba con total tranquilidad a ese respecto. Es frecuente que sea la madre biológica la que solicite la prueba, bien para demostrar al padre biológico, bien a la familia de éste, que ese hijo/a es de quién ella dice.

El segundo caso, en el que la persona que pide el análisis es también la persona que tiene la duda, suele ser más complejo. Definitivamente, es una situación a la que no es fácil enfrentarse por las implicaciones que el resultado pueda tener. Y es que cuando se realizar una prueba de paternidad, hay que pensar en las consecuencias que ésta va a tener en la vida de las personas implicadas: padre, madre e hijo/a, sobre todo si es menor.

Cosas en las que hay que pensar antes de hacer la prueba de paternidad

Quizás, para alguien que ve la situación desde fuera, lo primero en lo que se piensa es en el tema legal. Desde el punto de vista del supuesto padre, si el resultado es positivo, tengo que hacerme cargo de esta persona, pagar una manutención si no vivo con la madre y, además, este hijo puede ser inscrito con mi apellido en el registro civil; si el resultado es negativo y yo ya me hago cargo de este menor, pues no tengo que pagar por él y, si está inscrito con mi apellido, puedo hacer que esto se cambie. Además, si el resultado demuestra que ha habido una infidelidad, puede implicar también la ruptura de una pareja: separación y divorcio.

Es importante recordar, de todas formas, que estamos hablando de la prueba privada, que es la que nosotros ofrecemos, y que, como indicamos en un post anterior, no puede usarse con fines legales (por ejemplo, no vale para pedir el cambio de apellidos en el registro civil), pero que sí nos permite saber de antemano cuál va a ser el resultado de una prueba legal si finalmente llegáramos a realizarla.

Las implicaciones afectivas son, sin embargo, las más importantes en la mayoría de los casos, sobre todo si el resultado es negativo y ya se han creado vínculos entre padre e hijo/a o con otros miembros de la familia. Si el resultado es positivo, tenemos que plantearnos si queremos o no establecer esos vínculos emocionales, sabiendo, además, que hay dos partes en esta ecuación -padre e hijo/a-, y que, a lo mejor, el padre quiere implicarse en la vida del hijo/a desde un punto de vista afectivo, pero el hijo/a, o la madre del hijo/a, no lo desea. Puede ser, sin duda, una situación extremadamente compleja que, en ocasiones, puede necesitar de la ayuda de un psicólogo o de un asistente social.

Debemos, entonces, preguntarnos: “¿Cuándo y por qué hacer la prueba de paternidad?”

No todo el mundo está preparado psicológica y emocionalmente para hacer la prueba de paternidad o, mejor dicho, para enfrentarse al resultado que no queremos recibir al hacer la prueba de paternidad. Es por esto por lo que a veces es importante esperar, y así lo recomendamos nosotros a las personas que parecen estar en esta situación. Tanto en el caso en el que es el padre el que tiene la duda, como si es el hijo o hija ya mayor de edad, en ocasiones es necesario no correr demasiado, sino pararse a reflexionar, compartir las dudas con otras personas que puedan ayudarnos a valorar qué es lo mejor para nosotros, plantearnos también si no hacer la prueba es la mejor opción para nosotros. Porque, al fin y al cabo, se trata de una cuestión de prioridades.

Saber la verdad es la prioridad absoluta para la mayoría de nuestros clientes, más allá de cualquier implicación legal o emocional. “Yo sólo quiero saber la verdad, ella va a seguir siendo mi hija” o “Él me ha criado y siempre será mi padre, da igual lo que diga el resultado, pero necesito saberlo”, son cosas que nos dicen las personas que nos contactan, personas que lo están pasando mal, que lo han pasado mal durante meses o años porque cargan con este interrogante enorme que no les permite enfrentarse a numerosas situaciones en sus vidas como ellos querrían: ¿será de verdad mi hijo/a? ¿será de verdad mi padre?

En efecto, saber la verdad puede ser un alivio para muchísimas cosas, pero también puede ser un problema. De hecho, existen países, incluso en Europa, donde el acceso a la prueba de paternidad está bastante restringido, y que sus normativas se basan en la premisa de que si un padre hace el test y resulta que no es el padre, puede dejar de encargarse de la manutención del hijo/a, y esto podría dar lugar a un empeoramiento de sus condiciones de vida. Es un motivo perfectamente válido enfocado a la protección económica del menor. Pero, ¿se ha pensado en el bienestar psicológico y emocional del menor (dejamos al padre a un lado por un momento)? ¿Se debería pensar también en esto?

Saber la verdad o no saber la verdad, ésa es la cuestión

En la larga trayectoria de nuestra empresa nos hemos encontrado con casos muy tristes de personas adultas, incluso ancianas, que han vivido con la duda la mayor parte de su existencia. Se trata del típico secreto de familia del que nadie habla pero que todo el mundo conoce. A veces son personas con verdaderos traumas (y no pretendo utilizar este término como una valoración psicológica, sino con el sentido que cualquier no profesional de la psicología le daría): personas que han querido incluso esperar a que el supuesto padre (o madre) fallezca para no causarle ningún dolor, cuando ellos mismos viven en la duda constante; hijos o hijas a los que su padre o su madre, justo antes de morir, les confiesa que no están seguros de ser sus progenitores verdaderos; hijos o hijas que se han sentido tratados de forma diferente por sus padres porque éstos creían no ser los verdaderos padres. La casuística es innumerable.

Aunque queramos evitarlo, los rumores pueden llegar a otras personas, incluso a las que más queremos proteger. Aunque nuestro amor por ese hijo/a sea inmenso, somos humanos y quizás no seamos siempre capaces de controlar nuestro comportamiento hacia él o ella: puede que sea más fácil cuando se trata de un bebé, pero hay que pensar también en el futuro y en qué va a ocurrir cuando ese bebé crezca y se convierta en un o una adolescente experimentando con nuestros límites. También podríamos sentirnos resentidos con otras personas del entorno familiar, sintiéndonos mal nosotros y haciéndoles sentir mal a ellos, y puede que ni siquiera sepamos seguro si tenemos o no la razón.

En los peores casos, la cuestión puede quedar sin resolver porque el padre o madre ha fallecido, porque no se puede o se quiere exhumar o porque no hay más miembros de la familia con los que comparar nuestro ADN (por suerte, existen otras pruebas para verificar la paternidad o maternidad cuando el padre o madre no están, pero de esto hablaremos en otra ocasión).

En definitiva, son muchísimos factores los que hay que tener en cuenta, propios y ajenos, y hay tantos caminos para llegar (o no) a la prueba de paternidad como personas. Lo fundamental es encontrar el nuestro.


Si quiere comentarnos su caso de forma privada y sin compromiso, no tenga ningún reparo en enviarnos un email o llamarnos.

Y si después de leer este post quiere más información sobre la prueba de paternidad, pinche aquí.